domingo, 11 de agosto de 2024

Introducción

Este manual aborda la primera parte de la Historia Contemporánea, que puede considerarse un largo siglo XIX. El momento inicial fueron las revoluciones que acabaron con el Antiguo Régimen e iniciaron el Nuevo, el del liberalismo en todos los órdenes: político, social, económico, cultural. Por ello se trata también la revolución inglesa, origen del nuevo ideario político que recorrió Occidente en el XVIII, el siglo de la razón, y que se materializó con ocasión de las revoluciones surgidas desde finales del mismo.

El primer capítulo trata de todo lo nuevo que se inicia en esta época, del mismo concepto de «contemporáneo», del origen del nuevo ideario, de la nueva cultura política sobre la que se edifica la nueva época que es la que llega hasta nuestros días a través de sucesivas evoluciones y reconstrucciones que la práctica cotidiana iba exigiendo y que la teoría iba conformando. La nueva época significó también la gestación de nuevos problemas y, por lo tanto, la búsqueda de nuevas soluciones. Sí, es un momento fundamentalmente constructivo; esto se observa en primer lugar en el afán constituyente; es la época de los «padres fundadores», en la que se buscaron los modos de dejar establecido el Estado contemporáneo, lo que no se hizo de una vez, sino en sucesivas etapas. Cierto que hay países que consiguieron una Constitución que mantuvieron a través de los tiempos con sucesivas «enmiendas» o añadidos que la iban adaptando a los tiempos. Otros países, como España, Portugal o Francia, por el contrario, vivieron una frenética sucesión de Constituciones en el afán de dejar escritos los principios básicos que, sin embargo, no se compartían por todos los grupos o partidos políticos y tampoco se pudieron imponer con eficacia. Pero esta historia tiene un fondo común, que es la cultura política occidental que abrió paso al nuevo régimen. Si se inicia con las revoluciones, también es cierto que sólo es Occidente el que vive ese proceso, y que no será hasta el siglo XX, culminada la colonización, cuando esta cultura afecte al resto del mundo que, por ello, acaba incorporándose inevitablemente a la contemporaneidad.

El Manual se divide en tres bloques temáticos. El primero comprende los procesos revolucionarios y la primera organización constitucional que conformaron; es el modelo revolucionario, que se caracterizó por una primera interpretación de la nueva forma de gobierno que separaba los poderes para acabar con el poder absoluto de los reyes. En el modo como se llevó a cabo esa separación se produjo ya un problema de funcionamiento que hubo que ir arreglando. En la República constitucional que surgió de las Trece Colonias se pasó de la Confederación a la Federación —o Unión—, pero pudieron mantener ese primer modelo de separación estricta de poderes. Sin embargo, en la Monarquía Constitucional esa separación no funcionó, porque uno de los poderes era permanente, el del Rey; por ello surgieron problemas y soluciones específicas que se dieron ya en la época siguiente, que se aborda en el bloque segundo.

En este segundo bloque se estudia la estabilización del proceso, el asentamiento del liberalismo con un modelo ya más moderado, que en el caso de la Monarquía Constitucional significó introducir el gobierno parlamentario copiado del caso inglés. Y es que en este modelo ya existía un factor de comunicación entre el poder permanente que era el Rey y el poder que surgía de cada elección que era el Parlamento (Cortes o Legislativo); ese factor de comunicación fue el Gobierno de Gabinete que no se recogía en la teoría política pero que habían establecido como práctica en Inglaterra. Se explica así el establecimiento en Europa del parlamentarismo que la diferenció ya desde entonces hasta hoy día de América, donde el modelo fue el presidencialismo, como se acabó denominando a ese primer modelo de separación estricta de poderes, sin gobierno de gabinete. En este bloque se observa el surgimiento de los nuevos retos que van apareciendo para y dentro del Liberalismo, de los cuales tendrá protagonismo indudable la cuestión social.

El último bloque comprende el final de una época y el inicio de otra. En él se observa el nacimiento de los principales cambios políticos, sociales, económicos y culturales que se fueron produciendo desde el último cuarto del siglo XIX. Será el tránsito del Liberalismo a la Democracia, cuando finalmente la cuestión social pase al primer plano en todos los ámbitos al conformarse lo que llamamos «sociedad de masas», y se vayan añadiendo cuestiones que llegan hasta nuestros días, como la cuestión femenina, cuando la mujer comienza a reclamar cada vez con más contundencia su espacio público y sus derechos; como el nacionalismo con distintos matices de aquel que dio origen a la nación liberal; la crisis económica que acabó provocando el fin de la confianza en el progreso constante que parecía haberse establecido con la segunda industrialización y el progreso extraordinario de la ciencia; como la nueva cultura que manifiesta la insatisfacción respecto a una sociedad burguesa bien asentada, y que viene a cuestionar desde los diferentes ámbitos creativos.

Claro que, como dicen Miguel Artola y Manuel Pérez Ledesma en la «Presentación» de Contemporánea, «no es posible agotar la realidad» por lo que «el historiador selecciona los elementos significativos» para presentar el pasado. No se cuenta todo, no se realiza una miscelánea de acontecimientos; lo que se procura es abordar los temas que mejor expliquen el proceso de construcción del Estado contemporáneo. El acontecimiento es la herramienta básica del historiador para poder comprender y explicar el pasado, y, por lo tanto, para comprender y explicar nuestro presente al poder disponer de la «historia clínica» sobre la que analizar la evolución de nuestra propia trayectoria como sociedad. Pero la sucesión de acontecimientos sin análisis comprensivo, sin la razón que nos lleva a contarlos, no sirve nada más que para acumular datos inconexos que pueden invalidar, si lo sustituyen, nuestro espacio de conocimiento.

En cada capítulo se encuentran textos históricos en el contexto preciso que trasladan al lector a la fuente y estilo de lo explicado, así como un listado final de bibliografía específica, literatura, fundamentalmente novelas históricas, y cine, que ayudan a completar el conocimiento de cada época, tanto en sus datos históricos como en su ambiente o cultura del momento. Se incluyen mapas cuando se cree imprescindible, además de alguna otra ilustración.

Las autoras de cada capítulo quedan especificadas en cada uno de ellos, pero hay que añadir el nombre de un especialista en literatura e historia de la Universidad de Valencia, Francisco Fuster, que colaboró con una lista de novelas históricas para cada capítulo del libro. Quiero mencionar también al alumno de la UNED que compartió conmigo y los compañeros la lista de películas históricas que también está en la base de ese apartado.

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