Pero el modo en que se llegó a la segunda revolución, en que se gestó el pensamiento y los proyectos políticos que acabaron diseñando el modelo constitucional inglés, tiene parte importante de su explicación en el interregno. Entonces se desarrollaron las ideas republicanas en Inglaterra, buscando alternativas a la Monarquía como al resto de regímenes que se sucedieron entre 1649 y 1660. Entonces produjeron sus escritos John Milton o James Harrington, del que se dice que fue el más agudo de entre ellos y el más influyente («maestro de pensar» de más de un americano, dice Annie Jourdan); influencia que ejerció sobre todo después de la ejecución del rey. Parece que fue justo a raíz de la guerra civil cuando tomó cuerpo y comenzó a florecer esta tradición del republicanismo clásico, a volver la mirada a los clásicos y sus formas de gobierno, a sus teorías y reflexiones, para intentar encontrar en ellos la salida a la situación creada. Se cree que el humanismo anterior, desde el Renacimiento, habría sido el preparador de este retorno. No en vano el Renacimiento fue eso, vuelta a los clásicos, no sólo en el arte y la literatura, sino también en la reflexión política, siendo el italiano Maquiavelo un representante destacado de esa tradición, por más que lo conozcamos sobre todo por El Príncipe y su justificación cínica del poder del soberano. Era leído y citado por los humanistas ingleses, aunque en la época también tardó en verse al Maquiavelo republicano. Esa tradición humanista llegada a Inglaterra forjó su naturaleza cívica, su visión de lo común, de la cosa pública como algo de principal interés para todo ciudadano. Según Skinner en su obra Los fundamentos del pensamiento político moderno, el humanismo llegó a Inglaterra a mediados del siglo XV, produciéndose el abandono de los estudios escolásticos a favor de las humanidades. Entonces se viajó a Italia a beber de esa tradición, y en muchos casos estos estudiosos volvían a Oxford y Cambridge acompañados de algún erudito italiano, lo que contribuyó al gran cambio intelectual de la época, que acabó con el escolasticismo —fue la época además del libro impreso—. Ya en el siglo siguiente, el XVI, aparecieron las obras cumbres del humanismo inglés: La Utopía, de Thomas Moro, por ejemplo, cuya palabra clave fue res publica, que en inglés fue Commonwealth, es decir, comunidad política próspera bajo un gobierno justo y benéfico. Era en esa dirección en la que debía caminar la transformación política. El republicanismo clásico
La guerra civil fue un revulsivo para que tomaran fuerza estos análisis políticos, esta vuelta a los clásicos buscando soluciones. Lo primero que fue novedoso, como nos dice Salvador Giner, fue la aparición por primera vez de un ejército revolucionario ideológico, que fue el que surgió en apoyo de los parlamentarios frente al rey, que incluso organizó, como luego en la revolución rusa, comités de diputados soldados. Fue la primera vez que se planteó la posibilidad de abolir la Monarquía por parte de los radicales o Levellers. La contribución de pensadores como Milton o Harrington a esta teoría fue decisiva y con ella al pensamiento político occidental. Su difusión por el resto de Europa y América, junto con otras teorías, facilitó el desarrollo de la Ilustración en el XVIII. Las fuentes de los republicanos ingleses fueron, fundamentalmente, Aristóteles con su clasificación de las formas de gobierno; y Cicerón, con su idea de justicia política y el buen gobierno. Pero fue Maquiavelo el principal guía de la Antigüedad. Estos republicanos no eran necesariamente antimonárquicos y por ello tras la Restauración de Carlos II aceptaron la Monarquía mixta limitada; definitivamente ya tras la segunda revolución, la de 1688. Lo que querían, su interés central, era un gobierno regido por la ley, que es lo que haría un país libre, independientemente de que hubiera rey o no. La antítesis era la tiranía, como en el XVIII explicó Montesquieu en su distinción de Monarquía y despotismo (la primera regulada por la ley, el segundo no). En definitiva, no les preocupaba la forma que adquiriera el gobierno, sino que lo rigiera la ley. Los republicanos y la Monarquía
En el caso de John Milton, puede hablarse de un republicanismo religioso, aristocrático y no necesariamente antimonárquico. De James Harrington, el más genuino representante de este republicanismo clásico inglés y del humanismo cívico, se puede decir algo parecido: desechó el modelo unicameral tras el regicidio como una tiranía, y propuso controles y equilibrios para la Monarquía mixta; propuso un poder compartido entre Rey y nobles; protestó contra la república inglesa, sin embargo escribió Océana para Cromwell, entendiendo que era el momento natural para la República porque predominaban los pequeños propietarios de tierra; en todo caso proponía una República con controles y equilibrios. A través de él esta tradición republicana clásica pasó a los teóricos americanos del XVIII. El camino hacia las ideas ilustradas
Ya vimos que luego llegó la Restauración monárquica en Inglaterra y la tendencia de nuevo al absolutismo, pero nunca se logró la contrarrevolución. Entonces se produjo el segundo momento de auge del pensamiento republicano, precisamente en el momento de crisis entre 1677 y 1683 cuando se pensó que quizá podía heredar la corona restaurada el heredero católico, llegar a una nueva guerra civil y acabar así todo el proceso iniciado en 1640; algún autor dice que se produjeron entonces los últimos escritos republicanos ingleses. Pero finalmente en 1688-1689 se cambió de dinastía con Guillermo de Orange y se aseguró la Monarquía limitada, en la tradición de los pensadores del interregno y sus herederos; a éstos siguieron luego los que escribieron avalando la segunda revolución y que tanto peso tuvieron también en el pensamiento occidental. En Inglaterra la figura destacada fue Locke, que fue el que más influyó sobre los pensadores políticos del XVIII; en el continente fue Montesquieu quien, junto con Voltaire, puso en contacto la constitución política y el liberalismo inglés con el pensamiento político continental. Locke y las doctrinas liberales e individualistas
Todo este proceso está considerado como la cuna del liberalismo; de hecho, Inglaterra sufrió toda una revolución que incluyó todos los pasos que luego se repitieron en los procesos posteriores: radicalización y ejecución del Rey, República, Dictadura, Guerra Civil, y vuelta a la moderación aceptando los avances producidos por la revolución (Christopher Hill).
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